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En la entrada anterior, cuyo hilo conductor era Aerin Alexander ya anticipaba el tema de los Valores y el Norte personal. De hecho hace un tiempo ya hablé de Valor o precio, esa disyuntiva en la que muchas veces andamos errados y confundimos el valor de algo con su precio.  Hoy he visto un artículo sobre el libro Buena Crisis de Jordi Pigem, que a la espera de poderlo leer, me ha dado la impresión de que también nos habla de un tema similar: los valores de la nueva sociedad. Podríamos definir los valores como las creencias personales que cada uno mantiene respecto a sí mismo y al mundo. Se trata de un sistema sobre lo que es bueno o malo, justo o injusto, verdadero o falso. Están directamente relacionados con el sistema personal de creencias.

Jordi Pigem nos dice cosas tan interesantes como que:

Lo único que realmente existe es la materia tangible, inerte y cuantificable, lo normal es llevar una existencia carente de sentido, cuyo principal indicador es la dolorosa experiencia de sentir un profundo vacío interior”. Y, con la finalidad de buscar un alivio temporal para llenarlo, “la sociedad recurre a la acumulación de dinero y posesiones, que terminan por convertirse en drogas que requieren cada vez dosis mayores”

Por eso aboga por “aprender a vivir en plenitud”, lo que implica, irremediablemente, “reconocer el valor de lo intangible, como la creatividad, la solidaridad, la sabiduría y la alegría de convivir y cooperar”. De ahí que “la sociedad del futuro será posmaterialista o no será”

Nos hemos movido durante mucho tiempo por valores tangibles, básicamente materiales,  cuando tal como decía Aerin Alexander, todo va de dentro a fuera. Si no tenemos plenitud interior, si no conectamos con nosotros mismos y con los demás, en relaciones auténticas, es imposible que ningún sustituto material nos llene. Podrá darnos una falsa sensación de felicidad momentánea, pero al poco tiempo estaremos en el mismo punto de partida. Primero hay que ser. Luego ya podremos hacer y tener.

Y para eso lo primero que tenemos que averiguar es cuáles son esos valores por los que nos movemos, que aunque no seamos conscientes de ellos están ahí y rigen la mayoría de nuestras conductas.   Conocer cuáles son y cómo están priorizados puede ayudarnos a tomar mejores decisiones, alineadas con eso que de verdad nos mueve. No voy a dar de momento métodos para descubrir cuáles son los valores personales, ya que sería alargarme demasiado para este espacio, pero creo importante que pienses en ello.

No voy a decirte tampoco qué valores tienes que tener, eso es algo personal de cada uno. Pero me gustaría dar una pista sobre la web 2.0 y los valores que están surgiendo alrededor de ella: compartir, conversar, ser auténtico, no engañar, conocimiento compartido, liderazgo distribuido…Tal vez te ayuden a pensar con cuales de ellos te identificas y con cuales no. Porque como dice Pigem, la sociedad del futuro será posmaterialista o no será. Y la web 2.0 empieza a ser el lugar en donde se están gestando esos nuevos valores.

¿Conoces tus valores? ¿Estás seguro que son esos? ¿Crees que el mundo necesita unos nuevos valores para sobrevivir?

Mertxe Pasamontes

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swans-lake-od-22En La contra del viernes entrevistaron en La Contra a Soumitra Dutta, investigador de Insead en redes sociales on line y dijo cosas sumamente interesantes con respecto a la web

2.0 y la inteligencia “distribuida” o en red. Se ha hablado ya en muchos Blogs de esos conceptos y hoy en la Catosfera ha sido uno de los temas del día. Pero a mi personalmente, me gustaría destacar una de sus frases, que creo que ha pasado algo inadvertida entre otros comentarios quizás más jugosos. Son las siguientes:

Para los que no sepan saltar a tiempo, ya será demasiado tarde.

¿Y sabe por qué no se enteran de que están a punto de fenecer?

¿. ..?

Porque la mente humana aplica una lógica lineal para anticipar el futuro: si yo le pregunto qué hará dentro de cinco años…

Ahora sería una pregunta incómoda.

… Porque usted proyectará su inmediato pasado en el inmediato presente de forma mecánica y se equivocará, ya que la tecnología cambia nuestro futuro de forma exponencial: da saltos en progresión geométrica, no va pasito a pasito como usted al tratar de adivinar qué pasará.


Estas frases nos ponen delante de una de las características del cerebro humano que quizás menos se conoce: somos malísimos prediciendo. Y no sólo en el ámbito de la tecnología (por si alguno se pensaba que eso no iba con él). Eduardo Punset en su libro El alma está en el cerebro, dedica un capítulo a demostrar lo mal que predecimos. Cita como ejemplo los estudios llevados a cabo por el matemático Nassim Taleb en la teoría que él denomina del cisne negro.  La teoría vendría decir, de manera metafórica, que como todos esperamos ver un cisne blanco, no estamos preparado para predecir la aparición de un cisne negro. Como Punset explica, “nuestros mecanismo e intuiciones no se adaptan a estos conceptos abstractos y parece que se niegan a aceptar la existencia de sucesos impredecibles o insospechados”.  Dicho en palabras simples: sólo somos capaces de predecir aquello que se ajusta  a patrones previamente establecidos y que no se salen de la norma. No es de extrañar entonces que prácticamente nadie fuera capaz de prever la crisis económica o que muchas empresas tradicionales se nieguen a ver que las reglas del juego están cambiando (no tiene capacidad para ver el cisne negro).

Y ¿cómo podemos minimizar esto? Pues como hemos dicho en otras ocasiones ampliando o flexibilizando nuestro mapa mental. Un mapa más flexible es capaz de aceptar nuevos sucesos que no se adapten a normas previamente establecidas. Y por tanto, es más capaz de ver a esos cisnes negros que nos acechan.

¿Crees que eres bueno prediciendo nuevas tendencias? ¿O sueles pensar que todo va a seguir más o menos igual? ¿Es tu mapa flexible?

Mertxe Pasamontes

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