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Posts Tagged ‘pensamiento oriental’

Puestavida

Hoy sólo me apetecía hacer esa breve reflexión: la vida está para vivirla. Para maravillarnos cada día de estar aquí y disfrutar de cada momento.

Para aprender a vivir el ahora intensamente y planificar lo justo y necesario, siempre que eso no nos haga  olvidarnos del presente.

Para disfrutar de lo que hacemos, que no depende esencialmente de la tarea, sinó de nosotros mismos y nuestra actitud hacia ella.

Para aceptar que no todo es bueno, que hay momentos malos que simplemente hemos de aceptar: aceptar el dolor, que no el sufrimiento (que sólo depende de cómo interpretemos el dolor y de cuánto nos resistamos a él).

Para no intentar entenderlo todo, sólo vivirlo que ya es bastante.

Para intentar ser más libres y  más conscientes.

Para vivir más desde nuestro centro, desde nuestra esencia, aceptándonos de manera incondicional.

Para captar cada día más el espíritu de un haiku:

Haiku es lo que está sucediendo en este lugar y en este momento. Basho.

Si conseguimos eso, todo lo demás es adicional, un extra bonus, que bien si está, pero igual de bien si no está.

¿Dónde vives tú? ¿Y tu cabeza dónde está, en el pasado, en el futuro o en el ahora?


Mertxe Pasamontes

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camino

Genial la entrevista de la Contra a Clément Rosset, filósofo que nos enseña que se puede vivir la alegría simplemente por el hecho de ser, de existir, a pesar de las decepciones que la vida pueda ocasionar. Citaré en primer lugar algunos fragmentos que me parecen reveladores:

Con Nietzsche aprendí la aprobación incondicional de la vida. ¡Qué regocijo, conocer la tragedia de que no hay más mundo que este mundo sin historia! Y me repito con gozo aquel epitafio de Martinus von Biberach…[…] Cioran me aseguró que fue un autor de epitafios… Nada se sabe de él con certeza. ¿Y eso importa? Le cito: «Vengo de no sé dónde. Soy no sé quién. Muero no sé cuándo. Voy a no sé dónde… Me asombro de estar tan alegre«. La alegría nace del ser, de lo que es, de lo real, y es activa. La tristeza nace del deseo, de lo que no es, de lo irreal, y es pasiva.

Aclare.

La visión trágica de lo real es lucidez: es la visión que constata que nuestra vida resiste ¡pese a las infinitas razones para hallarla ridícula, miserable o absurda! He ahí la alegría. Vivir es, en sí mismo, alegría.

Dijo nuestro Llull: «Puesto que existimos, ¡alegrémonos!». ¿Es eso?

El deseo es penoso y su realización, aún más penosa. Es ilusión. La desilusión, en cambio, engendra serenidad. Saber esto posibilita la sabiduría de la alegría: ¡alegrémonos, ya sabemos que lo peor es inevitable!

Ya le llaman «filósofo de la alegría».

Denomino «fuerza mayor» a esta alegría sin miedo ni esperanza, sin objeto ni motivo, que aprueba la existencia en su integridad ¡por trágica que sea! Esta alegría es su propia causa y su fin, ¡es la fuerza mayor!

Me parece que Rosset hace un verdadero canto a la vida, a la felicidad en sí misma, por el hecho de encontrarnos vivos, sin que tenga que mediar ninguna razón para ello. No deja de ser una visión de la que ya hemos hablado en otras entradas, un tipo de pensamiento que converge con el pensamiento oriental y con el zen: el hecho de disfrutar la existencia en su propio devenir, cada momento, cada instante, cada suspiro…. Es ese estado en que disfrutamos del camino tanto como de la llegada. Tal vez no haya que llegar a ninguna parte si el camino que escogemos tiene corazón y es tu pasión. Cada momento se convierte entonces en gozo y disfrute, no hay nada que esperar para ser feliz, ya que la felicidad está a cada instante.

Sé que muchos pensarán que sólo unos pocos afortunados pueden escoger ese camino, pero mi pregunta es qué te impide a ti estar entre esos escogidos, que hacen de su vida un viaje placentero y disfrutan de cada instante. Y por favor, no me respondas que es el dinero…..

¿Te consideras una persona feliz? Si no lo eres, ¿qué te lo impide? Revisa la respuesta anterior, ¿está seguro de que es eso lo que te lo impide?

Mertxe Pasamontes


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equilibrioblog

LA NIÑA Y EL ACRÓBATA

Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos.

Por eso, el hombre le indicó a la niña:

–Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo.
De ese modo no correremos peligro, pequeña.


Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
–No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

Así como ocurre en el cuento, es importante en la vida estar atento a los propios problemas, en lugar de estar pendientes de los problemas de los demás. Con frecuencia nos metemos en la vida ajena pretendiendo resolver sus problemas y dejamos de lado lo nuestro. Puede parecer altruista, pero a veces es un modo de escapar de la paralización que supone no saber resolver las propias circunstancias.

Del mismo modo, puede sucedernos que pretendamos que sean otros los que resuelvan nuestro problemas. Y eso es algo que no funciona nunca. Tú eres la única persona que puedes hacer cambios en en tu vida. Lo otro es «echar pelotas fuera».Cada uno tiene primero que cuidar de sí mismo. Solo entonces podrá cuidar de otros.

¿Quién te cuida a ti? ¿Quién esperas que resuelva tus problemas?

Mertxe Pasamontes

Me gustaría tener tu opinión……

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jardinzen

Existe un ancestral concepto japonés, el wabi sabi, que nos habla de la belleza de las cosas imperfectas. El wabi sabi está relacionado con la tradición estética milenaria japonesa y con el zen.

¿Cómo se relaciona esto con la Crisis? Porque el wabi sabi, frente a nuestra cultura occidental de usar y tirar, fascinada por lo nuevo y lo perfecto, busca encontrar la belleza de lo humilde, de lo imperfecto, sería una manera trascendente de ver la vida.

Sería el aprecio por todos aquellos objetos que llevan un tiempo con nosotros (esa camiseta gastada con el nombre de nuestro grupo favorito, esas botas que compramos en un viaje, esa maleta de piel desgastada por el uso, esa bufanda tejida a mano, etc), todas esas cosas que tiene una historia y que son de materiales orgánico que acaban teniendo una vida propia.

Andrew Juniper en su obra Wabi Sabi, el arte de la impermanencia japonés nos dice:

Cuando somos capaces de contemplar nuestra vida con una sensación de humildad y serenidad estamos preparados para captar la belleza que yace en las sutilezas. Empezamos a disfrutar y esa actitud acaba extendiéndose a todos los aspectos de la vida. A las relaciones con los demás, al trabajo que decidimos hacer y al entorno que elegimos para vivir.

Tal vez sólo se trate de admirar la belleza de las cosas sencillas, valorar el «dios de las pequeñas cosas» y comprar sólo lo realmente necesario (ojo, no estoy diciendo que haya que renegar de TODO lo nuevo!). El arte es combinar, tener mesura.

¿Crees que tienes una actitud wabi sabi ante la vida? ¿O sólo disfrutas de aquello nuevo y reluciente?

Mertxe Pasamontes

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He escogido esta cascada de Godafoss no sólo por su estética sino también por su valor simbólico, porqué de algún modo refleja mi modo de ver la vida y por tanto, el cómo me veis, cómo actúo, como hablo (o escribo).

Godafoss significa Cascada de los dioses y debe su nombre a que los primeros evangelizadores de la isla tiraron al fondo de la cascada a los dioses paganos de sus moradores. No con ello eliminaron el paganismo y creo que muchas veces esos dioses rugen desde el fondo del agua para recordar al mundo que no puedes imponer unas creencias, que la gente es libre de creer lo que quiera en el fondo de sus almas.

La fuerza del agua es para mí como la fuerza de la vida, el continuo devenir, el cambio. Sigo en esto el maestro Heráclito que dijo que nunca te puedes bañar dos veces en el mismo río. Aunque las cosas parezcan iguales, tal como nos pasa a nosotros, todo cambia. Eso es lo único que no cambia: el cambio.

Lo único que podemos hacer los humanos es dejarnos llevar por ese fluir de la existencia y disfrutar de cada etapa del camino, sin demasiadas añoranzas de tiempos pasados, ya que no volverán. Y porqué en esos cambios descubrimos casi siempre nuevos territorios, lugares insospechados  a los que nunca habríamos llegado si hubiésemos permanecido en el mismo sitio.

Sólo os deseo a todos muchos y variados cambios, para que vuestra vida esté llena de un repertorio de vivencias que os permitan disfrutar de la existencia en una gran variedad de matices, colores y sabores.

¿Y tú que sueles hacer? ¿Te resistes al cambio o te dejas fluir para llegar a nuevos territorios?

Mertxe Pasamontes

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Llevo días pensando en escribir algo sobre el miedo y precisamente hoy he leído un breve cuento zen que ha salido en El Periódico. Cuenta que un general, bregado en mil batallas, estaba un día en su casa colocando bien un valioso jarrón. Lo cogía con sumo cuidado, con miedo a que se rompiera. En ese instante se dio cuenta de que estaba asustado, temía perder el jarrón. Fue consciente de que el miedo le venía de aferrarse a su valiosa posesión y el temor de perderla. No puede ser, se dijo. Un general no puede permitirse tener miedos. Cogió el jarrón y lo estrelló contra el suelo, rompiéndolo en mil pedazos.

Tal vez no necesitemos llegar al extremo del general del cuento y romper aquello que apreciamos. Pero si darnos cuenta, de que el miedo es una creación de nuestra mente. Puede tener una base fisiológica, para avisarnos de un posible peligro. Pero una vez advertidos, seguir o no con miedo, depende de nosotros.

No digo que haya que ser un temerario, pero el miedo paraliza, hace actuar con desatino. Da entidad externa a algo que sólo existe en nuestro interior. Por ello, si logramos ser conscientes de que cosas nos asustan, averiguamos el motivo y actuamos en consecuencia pero sin aferrarnos al miedo, seguro que podremos actuar de la mejor manera, tomando las decisiones más acertadas. Porque en la mayoría de ocasiones, nuestros peores temores nunca llegarán a suceder.

Y eso abre un mundo de infinitas posibilidades!

¿Y tú como actúas? ¿te aferras a tus temores o te lanzas a la aventura?

Mertxe Pasamontes

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Hace un tiempo  escribí una breve entrada sobre dar el primer paso. Hoy leyendo un libro de Osho sobre la meditación, he leído algo que me ha dejado pensativa. Os lo transcribo:

Da un simple paso con confianza y las cosas empezarán a suceder. Pero un simple paso con confianza es el mayor y más arduo viaje: el simple paso desde la duda hacia la confianza, es muy grande.

Un día u otro, uno ha de darlo, porque la duda promete, pero nunca cumple. Solamente promete y lo hace con muchísima claridad.

La confianza nunca promete, pero una vez que entras en ella, todo aquello que siempre has deseado y soñado comienza a cumplirse.

Osho

Al leerlo, me ha parecido que eso no era solamente aplicable a la meditación, sinó a toda la vida, a todo cuanto nos sucede. ¡Cuánto nos cuesta dar el primer paso! Cuanto tiempo de dudas, miedos, temores, de querer asegurarnos si es el paso correcto. Y eso nunca se sabe hasta que no se da. Hasta que no empiezas a caminar no sabes si ese es el camino y muchas veces, ni siquiera entonces lo sabes. Pero te estás moviendo, estas movilizando energía. Y cuando tu energía se mueve, empiezan a pasar cosas. Y en ese fluir, está el secreto, el modo de conseguir que lo que tú quieres suceda.

Y tú que prefieres, ¿caminar con confianza o regocijarte en tus dudas?

Mertxe Pasamontes

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Hoy, releyendo mis propias entradas, este cuento me sorprendió y me volvió a hacer preguntarme. ¿cuantas veces estamos ahí, dándole vueltas a la cabeza, sin prestar atención a lo que pasa afuera?

Muchas veces parece que estamos presentes, que somos conscientes de lo que está sucediendo, pero la realidad es que estamos absortos en nuestros propios pensamientos, poniendo la atención sólo en lo que ocurre dentro de nuestra cabeza. Puede ser algo que nos preocupe, pero muchas veces ni tan siquiera es algo demasiado importante, es sólo un hábito, una manera en que nos hemos acostumbrado a funcionar.

Y mientras hacemos eso, la vida sigue pasando ante nuestros ojos sin enterarnos, demasiado ocupados en nuestros «rollos internos».

Por eso, como el monje del cuento, es importante hacer en cada momento lo que estamos haciendo y una vez pasado, dejarlo. Sólo podemos vivir en el presente, lo demás son huidas, al pasado o al futuro.

¿Y tú donde vives? ¿En el aquí y ahora? ¿O estás ahora soñando con las vacaciones y durante las vacaciones pensando en el trabajo?

Mertxe Pasamontes

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Un antiguo cuento indio.

Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba al ventanuco y cada vez que veía pasar a alguien al otro aldo estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo más y le preguntó al preso:

-Oye, hombre, ¿a qué viene esas risotadas día tras día?

Y el preso contestó:

– ¿Cómo que de qué me río?¡ Pero estás ciego! Me río de todos esos que están ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?

Así somos muchas veces, ciegos a nuestra propia realidad, engañándonos a nosotros mismos sin ni tan siquiera ser conscientes de que lo hacemos. Esto se puede hacer de muchas maneras: no queriendo ver nuestra verdadera situación, poniendo excusas, echando la culpa a causas externas o a otras personas, convenciéndonos de que tampoco es tan malo, etc.

¿Crees que tu situación actual es la que tú has escogido?¿Eres libre o miras a través de la reja?

Mertxe Pasamontes

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Lee esta pequeña historia:

Tanzan y Ekido caminaban juntos por un sendero lleno de barro. Llovía persistentemente. Al doblar un recodo se encontraron frente a una hermosa joven vestida con un kimono de seda, la cual no se atrevía a cruzar el camino por miedo a mancharse.
«Ven aquí muchacha», dijo Tanzan; y tomándola en sus brazos, pasó limpiamente al otro lado a través del barro.
Eikido no dijo una palabra. Al caer la noche, los dos amigos encontraron alojamiento en un monasterio. Entonces Eikido no pudo contenerse más.» Se supone que nosotros los monjes debemos mantenernos alejado de la mujeres «, recriminó a Tanzan, «especialmente si son jóvenes y bonitas. No hacerlo así es peligroso. ¿Cómo pudiste llevar a aquella muchacha entre tus brazos?»
«Dejé a la chica en el camino», replicó Tanzan ¿»Aún sigue llevándola?»

Del mismo modo que Eikido, muchas veces nos aferramos a nuestros pensamientos y nos empeñamos en mantener en el presente el recuerdo de algo que sucedió en el pasado. El hecho ya pasó y en su momento tuvo mucha o poca importancia. Pero en el momento que lo mantenemos vivo en nuestra mente, le estamos concediendo importancia en el presente, la tuviera o no el pasado.

¿Y tú a que pensamientos te aferras?

Mertxe pasamontes

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