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Posts Tagged ‘Eduardo Punset’

cerebro

Fijaros bien en la pregunta que encabeza esta entrada pues no pregunto si funciona ( ya que intentaré  demostrar que si, aunque debido a la confluencia de otras leyes del comportamiento y no por algo “mágico”) sino si existe, en un sentido real y no en uno metafórico.

En ciencia se utiliza un principio llamado de la navaja de Occam que de alguna manera nos dice que si hay una explicación más simple o sencilla para algo y que tiene mayor coherencia con el resto del conocimiento científico lo más fácil es que esa explicación simple sea la buena.

La ley de atracción no es algo verificable empíricamente como puede serlo la ley de la gravedad u otras. Esta dentro de algo llamado los principios de la metafísica que tiene una larga tradición tanto en las religiones orientales  como en algunas filosofías y que es piedra angular en lo que se ha venido llamando la New Age. Yo tampoco puedo demostrar si existe o no pero sí que puedo ofreceros tres explicaciones alternativas a la misma, demostradas en el campo de la psicología y de las neurociencias y que por tanto que cuentan con el aval de la comunidad científica. Son las siguientes:

Ley de la percepción selectiva.  Dada la enorme cantidad de información que nuestro cerebro necesita procesar tendemos a organizar el mundo en categorías y marcos mentales. Una vez hecho esto percibimos el mundo a través de dichas categorías. Estos conceptos nos orientan, filtran la percepción y dan sentido de orden y constancia. Pero a su vez tiene lo que podríamos llamar un punto que a veces va en nuestra contra: la percepción selectiva. La percepción selectiva consiste en que nuestra atención se fija en aquellos aspectos a los que concedemos relevancia. Un ejemplo sencillo, si voy caminando por la ciudad me cruzaré con montones de farmacias y seguramente no seré consciente de ello. Pero si necesito una farmacia iré en busca de una  Cruz verde y en pocos minutos daré con una. Esto equivaldría a la parte de la ley de atracciónque dice que aquello a lo que le  presto atención,va mi energía, lo cual como hemos visto es cierto , según este principio de la percepción selectiva.

Principio de atribución (Heider 1958). Es ese proceso por el cual el individuo  explica e interpreta los hechos que le acontecen, es por tanto una manera de organizar el gran flujo de información que nos llega del mundo. Tendemos a buscar explicaciones a todo aquello que nos ocurre sean éstas reales o no. No voy a entretenerme porque sería muy largo y lo he tratado en alguna otra entrada en relatar la gran necesidad que tenemos de explicarnos las cosas y lo poco acertados que estamos en la mayor parte de las ocasiones (ver el último programa Redes de Eduardo Punset para tener algunos ejemplos).La atribución puede ser interna, cuando creemos que somos nosotros los responsables de que algo suceda y externa cuando pensamos que son circunstancias ajenas a nosotros las que han producido ese resultado (me ha sucedido gracias  a la Ley de Atracción).

Profecía de autocumplimiento. Es la tendencia que tenemos a actuar de modo que se cumplan nuestras creencias y expectativas e incluso a cambiar la interpretación de los hechos para que se ajusten a la idea previa que teníamos de los mismos. Hay también numerosos experimentos en psicología social que tratan este aspecto, con resultados a veces sorprendentes.

Estas tres maneras de funcionar de nuestro cerebro coinciden plenamente con lo explicado por la ley de atracción ya que consiguen que nos fijemos en aquello que nos interesa,busquemos los resultados deseados y atribuyamos eso,  en el modo externo,  a una ley universal.

Por eso he dicho al principio que no  iba a cuestionar si la ley de atracción funciona porque es obvio que sí que lo hace, aunque no por los motivos que explican los defensores de la ley de atracción sino porque integra en un concepto metafórico principios fundamentales del funcionamiento de nuestro cerebro. ( habría otros principios que también podrían explicarse pero creo que resultaría un poco demasiado técnico). Podéis también leer las entradas de Joe Dispenza que  aunque también es un defensor de la física cuántica explica en sus libros como el cerebro tiene mecanismos para conseguir que pase aquello que deseamos.

¿ Te funciona la ley de atracción? ¿A qué lo atribuyes?

Más info en www.elsecretodelsecreto.com

Mertxe Pasamontes

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c-vs-c

Ese es el interesante tema que plantea Tim Pethick, pionero del marketing emocional en La Contra de hoy. Interesante entrevista que vale la pena leer por el modo en que entiende la actual crisis, desde su vertiente social. Pone como ejemplo que a pesar de que los datos económicos son peores en España que en otros países, aquí la gente parece más tranquila, no vive con la idea de “la que se nos cae encima”. Y eso ayuda a tener una actitud positiva frente a la dificultad (como tantas veces hemos hablado ya, la importancia de la actitud).

Tiene además unos conceptos sobre marketing emocional que me parecen imprescindibles de conocer:

¿Y cómo es su marketing, entonces?

Tampoco soy geólogo. No trabajo con piedras sino con personas, y las personas nos dejamos guiar por la razón pero decidimos con el corazón, y nuestro corazón también es solidario.

[…]

… Pues fatal.

Pero ¿quién decide si usted es bueno o malo, su jefe o sus amigos? ¿Qué da la medida de su éxito, los ceros de la cifra de su salario anual o la cantidad de amigos que tiene y cuánto le quieren?

Cada uno hace caso a quien quiere.

Pero si la red social es más fuerte, entonces los prescriptores para un producto serán más próximos al destinatario. Yo conduzco un Fiat 500, un utilitario, como los personajes low cost de mis campañas, pero, como ellos, intento tener una red de amigos y familiares incondicional. Son ellos quienes dan la medida de mi éxito: no la tapicería de piel de mi coche. Eso es marketing emocional.


Tim Pethick toca en estas respuestas un par de puntos que me parece fundamental no dejar pasar por alto:

– La nueva concepción del consumo como algo que tiene más que ver con la utilidad que con la exhibición y la autoestima. El consumidor que nos describe Tim es una persona que cimenta su autoestima en sí mismo y en su grupo de amigos, no en las posesiones que tenga. La autoestima no se la da un coche, no es tanto tienes tanto vales, si no tanto eres tanto vales. Y ése eres, que depende de la propia autoestima y del círculo de amigos puede ser un punto crucial en el momento actual para salir de la crisis.

– La idea, ya apuntada por otros como Eduardo Punset, de que no decidimos de manera racional, sino emocional. Por las investigaciones y estudios que he leído yo me atrevería a ser incluso un poco más atrevida que Tim y decir directamente que decidimos con el corazón. Las verdaderas motivaciones surgen del corazón. Por tanto no es que nos dejemos guiar por la razón y luego decidamos emocionalmente, sino que decidimos emocionalmente y luego lo justificamos racionalmente. Sé que es una cuestión de matiz de que sería prácticamente lo mismo, pero pone un especial énfasis en esa decisión emocional. De hecho si no tuviéramos emociones, no podríamos elegir ni tan siquiera entre dos opciones simples de un menú, como bien explica Eduardo Punset en su libro El alma está en el cerebro.  O existe emoción o no existe decisión.

Por todo ello no es de extrañar que muchos anuncios se apele más a nuestra emoción que a  nuestra razón a la hora de inducirlos a comprar algo. Y que nos gusten “aquellas películas o libros “que nos emocionan”.

Antes esto, tú que crees ¿decides con la cabeza o con el corazón? ¿crees que es más importante  lo que eres o lo que tienes?

Mertxe Pasamontes

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swans-lake-od-22En La contra del viernes entrevistaron en La Contra a Soumitra Dutta, investigador de Insead en redes sociales on line y dijo cosas sumamente interesantes con respecto a la web

2.0 y la inteligencia “distribuida” o en red. Se ha hablado ya en muchos Blogs de esos conceptos y hoy en la Catosfera ha sido uno de los temas del día. Pero a mi personalmente, me gustaría destacar una de sus frases, que creo que ha pasado algo inadvertida entre otros comentarios quizás más jugosos. Son las siguientes:

Para los que no sepan saltar a tiempo, ya será demasiado tarde.

¿Y sabe por qué no se enteran de que están a punto de fenecer?

¿. ..?

Porque la mente humana aplica una lógica lineal para anticipar el futuro: si yo le pregunto qué hará dentro de cinco años…

Ahora sería una pregunta incómoda.

… Porque usted proyectará su inmediato pasado en el inmediato presente de forma mecánica y se equivocará, ya que la tecnología cambia nuestro futuro de forma exponencial: da saltos en progresión geométrica, no va pasito a pasito como usted al tratar de adivinar qué pasará.


Estas frases nos ponen delante de una de las características del cerebro humano que quizás menos se conoce: somos malísimos prediciendo. Y no sólo en el ámbito de la tecnología (por si alguno se pensaba que eso no iba con él). Eduardo Punset en su libro El alma está en el cerebro, dedica un capítulo a demostrar lo mal que predecimos. Cita como ejemplo los estudios llevados a cabo por el matemático Nassim Taleb en la teoría que él denomina del cisne negro.  La teoría vendría decir, de manera metafórica, que como todos esperamos ver un cisne blanco, no estamos preparado para predecir la aparición de un cisne negro. Como Punset explica, “nuestros mecanismo e intuiciones no se adaptan a estos conceptos abstractos y parece que se niegan a aceptar la existencia de sucesos impredecibles o insospechados”.  Dicho en palabras simples: sólo somos capaces de predecir aquello que se ajusta  a patrones previamente establecidos y que no se salen de la norma. No es de extrañar entonces que prácticamente nadie fuera capaz de prever la crisis económica o que muchas empresas tradicionales se nieguen a ver que las reglas del juego están cambiando (no tiene capacidad para ver el cisne negro).

Y ¿cómo podemos minimizar esto? Pues como hemos dicho en otras ocasiones ampliando o flexibilizando nuestro mapa mental. Un mapa más flexible es capaz de aceptar nuevos sucesos que no se adapten a normas previamente establecidas. Y por tanto, es más capaz de ver a esos cisnes negros que nos acechan.

¿Crees que eres bueno prediciendo nuevas tendencias? ¿O sueles pensar que todo va a seguir más o menos igual? ¿Es tu mapa flexible?

Mertxe Pasamontes

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adn_4Si hace cinco días hablábamos de Dan Winter que afirma que podemos influir con nuestras emociones en lo genético (aunque no quede claro que estudios ha realizado este señor para afirmar esto), hoy nos encontramos en La Contra con la versión dura de la genética. Atentos al título: “Un 18 por ciento somos proclives a ser drogadictos” y esto lo afirma Barry Everitt, neurocientífico conductista e  investigador en la Universidad de Cambridge tras numerosos estudios (unos con modelos de comportamiento en ratas y otros con seres humanos) que apuntarían al hecho siguiente (cito literal):

Hemos demostrado así que tenemos características genéticas que nos convierten en más o menos proclives a la adicción.

¿Podríamos descubrirlas con un test?

No es tan sencillo como detectar el Huntington u otras enfermedades que dependen sólo de un gen. En la proclividad a las conductas adictivas estarían involucrados al menos un centenar de genes, de forma que no es nada fácil determinarlos ni saber cómo determinan la conducta del individuo.

Y luego concluye:

Hay terapias…

Podríamos intervenir, desde luego, con terapias para aprender a controlar esas tendencias innatas, pero es caro y complejo. Parece más acertado investigar en conseguir fármacos que reduzcan la impulsividad de los individuos más propensos.

En fin, aparte de acabar de enviar a un buen número de profesionales al paro (que se dedican a esa “cara” tarea de ayudar  a los adictos a superar su dependencia) como científico sigue ahondando en la brecha genética o medio ambiente.  Y esa fractura provoca no pocos problemas a las personas que trabajan en campos relacionados con la ayuda a los demás. Y a los propios interesados, que en lugar de poder ser tratados de una manera holística  o multidisciplinar (por fortuna, no siempre es así), se ven obligados muchas veces a escoger entre “la pastilla” o “el tratamiento” o entre “lo convencional” y “las terapias alternativas”.

Y no culpo de eso sólo a los científicos, también lo hago a los que estando en la otra perspectiva no hacen nada por demostrar la validez de su método. Se que hay estudios que nunca obtendrán la financiación que se obtiene al investigar por ejemplo un medicamento, pero se puede hacer otro tipo de estudios (de caso único, de seguimiento, etc) que son válidos científicamente y que ayudarían a distinguir las cosas que sirven de las poco o nada efectivas.

Porqué le guste a algunos o no, siguen dándose curaciones y mejoras importantes que salen de los “parámetros” de lo científicamente comprobable”. Y existe un margen, apoyado por la ciencia, de posibilidad de manifestar un gen o no. Es decir, yo puedo tener el gen de “la adicción” pero según como sea mi ambiente, mi educación y mis experiencias puedo manifestarlo y convertirme en adicta o que esto no suceda nunca.

Por tanto, la genética da una base, pero soy yo quién finalmente de uno u otro modo, contribuyo a que eso sea determinante o no.Y mientras eso sea así y no se demuestre lo contrario, muchas terapias “alternativas” seguirán siendo válidas.

¿Crees que la genética lo determina todo “y que nada puede hacerse”? ¿O prefieres asumir la responsabilidad de construir tu propia vida?

Mertxe Pasamontes


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Hace poco hablé en una entrada sobre la intuición, con el fin de darle el protagonismo que se merece en nuestras vidas.  Muchas personas viven racionalmente (en la azotea ) sin pensar que además de imposible, es poco efectivo a la hora de tomar decisiones.

Recientes investigacioens como la llevada a cabo por el Gerd Gigerenzer psicólogo del Instituto Max Planck de Berlín, nos demuestra que muchas decisiones son más efectivas tomadas con pocos datos pero consistentes, que con múltiples datos.  El cerebro no se maneja bien con gran cantidad de datos y lo hace muy bien con uno o dos datos.

Eso no quiere decir tomar decisiones de cualquier manera, decidir lo primero que se nos ocurra, sino que tener un par de buenas razones de carácter intuitivo es incluso más efectivo que disponer de una lista exhaustiva. Como dijimos en la anterior entrada, la intuición es fruto de un proceso inconsciente que aunque no nos demos cuenta se está produciendo. Y cuando se manejan los procesos a nivel inconsciente el volumen de información que procesamos es muy superior al que manejamos conscientemente.

Por tanto, tal vez sea hora de relajarnos un poco, no tratar de controlarlo todo y dejarnos fluir con la existencia.

Si queréis ver una información más completa os dejo un enlace al programa Redes en donde se explica esto de manera exhaustiva.

http://blip.tv/file/994517/

¿Vas a seguir elaborando largas listas a la hora de decidir o te vas a dejar guiar por dos o tres buenas razones?

Mertxe Pasamontes

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Hola de nuevo

Voy a transcribir una entrada que ha hecho Eduar Punset en su Blog http://www.eduardpunset.es/blog/ para aquellos que aún les queden dudas de si la ciencia va pareja en cuanto al tema de la plasticidad cerebral que venimos comentando a través del libro de Joe Dispenza.

La adolescencia -una de las etapas de la vida con mayor plasticidad neuronal- ya era de por sí un periodo de crisis, aunque no se lo reconociera. Hoy hemos comprobado transformaciones insospechadas de orden social, fisiológico, mental y emocional.

En segundo lugar, al haberse profundizado en el estudio de la plasticidad cerebral, se han descubierto las consecuencias en la adolescencia del proceso llamado de poda cerebral. En virtud de este proceso, la señalización inicial de las futuras estructuras del adulto provocan una verdadera hecatombe cerebral en la cual desaparecen millones de conexiones neuronales para dejar paso a las nuevas.

En tercer lugar, hoy se sabe que diferentes experiencias conductuales y el mismo aprendizaje desembocan en estructuras cerebrales distintas. Cuesta imaginar que diferentes softwares alteran los hardwares de un ordenador. Eso es lo que ocurre, en cambio, con el cerebro. El aprendizaje o la transformación del recuerdo a cortísimo plazo en memoria a largo plazo cambia la estructura cerebral, aunque para ello se requiera, al contrario de lo que se pensaba hasta hace muy poco tiempo, mayor disciplina, constancia y la acción de proteínas determinadas. La reorganización cerebral ocurre únicamente cuando el organismo presta mucha atención a los inputs sensoriales necesarios y a la tarea. Requiere mucho trabajo.

Esta entrada me servirá de base a las explicaciones que hace Dispenza de como llevar a cabo el cambio de la estructura cerebral. De momento os dejo con la reflexión de que es posible cambiar la estructura del cerebro, por tanto es posible cambiar, entre otras cosas, nuestra personalidad.

¿Crees que puedes cambiar? ¿crees que tu personalidad es algo inamovible o que puede modificarse?

Mertxe Pasamontes

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La búsqueda de la felicidad también puede enfocarse siguiendo los resultados de las más modernas investigaciones sobre cerebro y estrés:

Eduardo Punset en su libro El alma está en el cerebro nos dice:

Creo que vale la pena ser optimista y hay un motivo añadido: si eres optimista, generas felicidad en tu interior, y es posible que la crees en otros. Si eres pesimista, no tienes ninguna esperanza: estás completamente seguro de que perderás. Si hay donde elegir, elige la felicidad y el optimismo, ya que por lo menos existe una posibilidad. Si ya has decidido que algo no funcionará, no hay manera de que funcione.

Resulta más práctico ser optimista, ya que generas opciones en donde otros ven problemas y por tanto aumentas las posibilidades de conseguir lo que deseas.

Del mismo modo Robert Sapolsky, catedrático de neurología de la universidad de Standford, que cuando se activa un pensamiento estresante todo se paraliza y todo el esfuerzo se dirige a solventar esa supuesta amenaza. El estrés puede matar neuronas del hipocampo zona esencial para el aprendizaje y la memoria. Es una zona que se ha descubierto que está implicada en enfermedades como el Alzheimer. Tener pensamiento tristes o negativos, puede hacernos muy infelices y además es tóxico para el sistema nervioso.

Por tanto, tanto desde una vertiente más espiritual, como desde una más científica, todo apunta a que los pensamientos positivos son potenciadores y nos ayudan a sentirnos felices y los negativos sólo nos sirven para perjudicar nuestro organismo y restarnos opciones. Parece que la elección es clara.

¿Te has parado alguna vez a observar cuantos pensamiento negativos tienes en un día?¿Cómo te sientes después de tenerlos? ¿Qué crees que pasaría en tu vida si los sustituyeras por pensamientos positivos?

Mertxe Pasamontes

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