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Posts Tagged ‘Cuentos’

Ayer me preguntaban cómo se puede disfrutar del presente y a la vez no perder la felicidad futura. Lo primero que me vino a la mente es el proverbio ruso: Mirando al cielo, pero remando hacia la orilla. La verdad, es que muchas entradas del Blog comentan estos aspectos y citan puntos de vista de diferentes autores. Después de darle unas cuantas vueltas al tema, he preferido en lugar de dar sólo una explicación, poner una metáfora, del cantautor Silvio Rodriguez.

(click para escuchar)  Fabula-de-los-tres-hermanos-silvio-rodriguez

Fábula de los tres hermanos

De tres hermanos el más grande se fue

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Iba despierto y bien atento a cuanto iba a pisar

De tanto en esta posición caminar

Ya nunca el cuello se le enderezó

Y anduvo esclavo ya de la precaución

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, con su corta visión

Ojo que no mira más allá no ayuda el pie

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

De tres hermanos el de en medio se fue

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Iba despierto y bien atento al horizonte igual

Pero este chico listo no podía ver

La piedra, el hoyo que vencía a su pie

Y revolcado siempre se la pasó

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, a donde no llegó

Ojo que no mira más acá tampoco fue

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

De tres hermanos el pequeño partió

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Una pupila llevaba arriba y la otra en el andar

Y caminó, vereda adentro, el que más

Ojo en camino y ojo en lo por venir

Y cuando vino el tiempo de resumir

Ya su mirada estaba extraviada entre el estar y el ir

Ojo puesto en todo ya ni sabe lo que ve

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

Como en todo, hay que buscar un punto de equilibrio entre el disfrute del momento presente y la planificación del futuro. Ambas cosas son importantes y necesitan tu atención: disfrutar el presente ya que es el momento en que vivimos y pensar y hacer cosas por nuestro futuro, ya que es el lugar a dónde nos dirigimos. Y que bueno es saber que no hay contradicción, que podemos vivir ambas cosas a la vez.

¿Cuándo y cómo hacer cada cosa? Disfrutando al máximo del presente y planificando cosas para el futuro que también nos ilusionen, que también queramos hacer. Si lo que hago de cara a mi futuro, me interesa, no supondrá un peso en el presente.

Y para eso, hay que estar en conexión con uno mismo, con nuestro centro.

¿Cómo caminas tu por la vereda?

Mertxe Pasamontes

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casacuento

En los tres últimos días, leo varias cosas que se relacionan: contenido, storytelling y emoción. En la Contra de hoy Michael Eisner, actualmente entrevistador y que  presidió Walt Disney entre 1984 y 2005 y Paramount Pictures nos dice que «Una buena historia siempre venderá: en cualquier soporte».

Me gustaría resaltar algunos de sus comentarios:

No se trata de dinero, sólo los mediocres están obsesionados con el dinero. Se trata de ideas, talento y buenas historias, y cuando alguien le diga que los periódicos desaparecen, ríase de él. Siempre habrá información – en el soporte que sea-y gente que pague para que se la jerarquicen e interpreten.

The New York Times pierde pasta.

Ahora yo lo leo por internet. Usted preocúpese de tener buenas historias que contar y no le faltará trabajo. Fíjese en que, desde la imprenta, han ido apareciendo medios, pero ninguno ha logrado sustituir al anterior.


Antonio Núñez, consultor y experto en storytelling, autor del libro Será mejor que lo cuentes,  también nos dice: La gente ya no quiere datos, busca emociones y sensaciones.

Y todo ello me remite a su vez al libro Cuentos que curan de Bernardo Ortín (Edit. Océano), en el que nos explica el poder curativo del cuento, usado como metáfora. Porqué como dijo Aristóteles: Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos.

Os dejo con una pequeña historia que relata Ortín que le pasó a Abraham Maslow:

Maslow atendió a una persona que se consideraba a sí misma un cadáver. A pesar de los argumentos lógicos del médico, aquel hombre persistía en su creencia. En un momento de inspiración, el psiquiatra preguntó al paciente: ¿Cree que los cadáveres sangran? . El paciente replicó: Eso es ridículo. Por supuesto que los cadáveres no sangran. Después de pedirle permiso, el médico pinchó al paciente en un dedo y la sangre roja brilló. El paciente asombrado exclamó: ¡Maldita sea, los cadáveres sangran!


¿Te llegan más las cosas con «el corazón» o con «la mente»?

Mertxe Pasamontes

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casaenlaniebla

La niña y el sol

En un pueblo pequeño vivía una niña que sentía una gran curiosidad por la vida. Le encantaba aprender todo tipo de cosas, su ansia de conocimiento era incansable. Desde pequeña había sido una niña muy curiosa, que hacía muchas preguntas, que lo observaba todo. Incluso a veces desmontaba sus juguetes para ver su funcionamiento interior. Cuando fue creciendo esas ganas de indagar se dirigieron más hacia las personas con el fin de conocerlas y entenderlas. Era feliz allí.

Pero quiso el destino que tuviera que irse de su pequeño y querido pueblo a otro bastante alejado de dónde ella había nacido. Cuando llegó allí, a pesar del mal tiempo, creyó que sería un lugar parecido a su aldea, en el que podría seguir aprendiendo de todas aquellas personas a las que iba a conocer. Lo que ella no sabía es que en ese pueblo había caído una maldición, que sus habitantes estaban bajo el dominio de un malvado brujo. No siempre había sido así. Antes de que el brujo se apoderara del pueblo sus habitantes eran también seres curiosos, a los que les gustaba charlar y relacionarse y que apreciaban enormemente el valor del conocimiento. Tenían una gran biblioteca en donde realizaban todo tipo de actividades y se unían varias veces al año para celebrar hermosas y divertidas fiestas.

El brujo tenía miedo, temía que si seguían pensando por sí mismos, eso disminuiría su poder sobre ellos. Así que usando sus malvados conocimientos consiguió que una densa niebla se instalará para siempre en el pueblo. Era tan densa que ocultaba la biblioteca y producía en las mentes de los habitantes una especie de sopor, una incapacidad para pensar con claridad. Y no sólo eso. En el jardín del brujo era en el único lugar de todo el pueblo en el que brillaba el sol y por ello todos los habitantes acudían a él, le hacían regalos, le hacían toda clase de favores para conseguir que les dejara estar, aunque sólo fuera un momento, en ese jardín soleado.

En el ánimo de la niña se iba instalando también la fría y densa niebla. Pero su corazón se resistía a dejarse vencer. Ella no había querido relacionarse con el brujo, no le interesaba, le parecía un ser cruel y egoísta. Pero quiso la casualidad que un día se encontrara en la puerta de su jardín y entrará en él. El brujo la vio y se acercó a ella. Esperaba que le agasajara como hacían todos. Pero la niña no lo hacía por lo que el brujo montó en cólera.

– Vete de mi jardín, tú no tienes derecho a disfrutar del sol- le dijo gritando fuertemente para asustarla.

La niña lo miró sin inmutarse. Vivía allí solo y se ganaba el favor de la gente comprándoles con su sol. Cuanto más lo miraba más cuenta se daba de que era un ser infeliz. Así que sin pensarlo dos veces, se acercó a él y lo abrazó mientras le decía: Puedes quedarte con tu sol, yo tengo todo el sol que necesito en mi interior.

En ese momento se oyó un sonoro trueno y una gran tormenta empezó a descargar sobre el pueblo. La niña sintió que entre sus brazos no había nadie, sólo un trozo de tela arrugada y mojada. En breves minutos la tormenta desapareció y un gran sol iluminó todo el pueblo.

Desde ese día nadie volvió a ver al brujo, ni  la niebla. Los habitantes se preguntan muchas veces que sucedió, pero ella nunca responde, sólo sonríe y sigue leyendo sus libros.

Mertxe Pasamontes

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El niño y el ser que parecía un delfín

Había una vez un niño que vivía en una isla rodeada del inmenso  mar y no se sabía por qué motivo había perdido la alegría. Nuestro pequeño amigo se sentía solo y triste, ya no disfrutaba de los juegos como antes. Los amigos le llamaban para jugar pero él no tenía ganas de ir. Sus familiares le decían que se animase pero él no sabía cómo hacerlo. Tan sólo sabía que en su interior habitaba una pena oscura, un saquito lleno de lágrimas que muchas veces querían derramarse. En realidad él no quería sentirse así pero no sabía qué hacer para evitarlo. A veces sucede en la vida que  queremos cosas pero no sabemos el modo de conseguirlas y eso nos hace sentir diferentes a los demás. Nuestro pequeño amigo se sentía de ese modo.

Un atardecer rojizo mientras estaba sentado en la playa, con los pies metidos en el agua una lágrima se derramó por su mejilla y fue a caer al mar. Al  juntarse esa lágrima salada con el agua del mar se produjo una especie de remolino y un extraño ser apareció de entre las aguas. Nuestro pequeño amigo aunque estaba triste tenía un  corazón valiente y no se asustó por ello. El ser que había surgido de entre las aguas, tenía una cabeza que recordaba un delfín pero su cuerpo no era como el de un pez. Miro al niño y le sonrió, con esa sonrisa eterna que parecen tener los delfines. ¿Qué te pasa? le dijo al niño. El niño se desanimó un poco, ya que esa era la pregunta que le hacía todo el mundo y a la que él no sabía responder. Pero el inteligente ser que parecía un delfín entendió al niño con sólo mirarlo. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo?  Y el niño aceptó.

De repente se vio sumergido en las profundidades marinas. Nunca había experimentado una sensación como esa. El ser que parecía un delfín le iba señalando diferentes cosas: Los peces de colores que nadaban en bandadas, con sus movimientos ondulantes que parecían una danza, los corales rojos y blancos y algunos hasta azules, las algas cimbreantes y todos y cada uno de los seres de las profundidades marinas. El niño estaba encantado con todo lo que veía y por primera vez en mucho tiempo una pequeña luz de esperanza asomaba a sus tristes ojos.

En ese momento el ser que parecía un delfín le hizo entrar en una cueva muy grande. Dentro de la cueva había muchos sacos y unas grandes cisternas que bellas sirenas custodiaban. De la cisterna más grande salía una especie de tubería inmensa. El niño no entendía nada de lo que era eso. El ser que parecía un delfín le pidió que se acercase a uno de los sacos que una de las sirenas volcaba dentro de una cisterna.

– Mira ahí – le dijo  – ¿Sabes qué es eso?

– No -respondió el niño casi en un susurro.

– En estos sacos guardamos todas las lágrimas que tienen en su interior todo los niños del mundo. Las traemos aquí y las vamos volcando en las cisternas. Cuando se mezclan con el agua del mar ésta se vuelve salada y permite la vida y el alimento de todos esos seres maravillosos que tú has visto. Las sirenas controlan todo ese proceso porque si el agua esta demasiado dulce pierde su alimento pero si está demasiado salada los peces se asfixian y mueren.

Nuestro pequeño amigo de repente comprendió. Llevó una mano hacia su corazón y sin saber cómo allí apareció ese saquito de lágrimas. Se lo entregó al ser que parecía un delfín.  La sonrisa del ser se hizo todavía más amplia.

– Veo que has comprendido mi pequeño amigo. Eres un niño muy inteligente y valiente.

El niño titubeó un momento, casi no se atrevía a realizar las preguntas que rondaban por su cabeza, pero finalmente las hizo : ¿Y  qué hago si alguna vez necesito las lágrimas?¿ Y qué hago si se acumulan otra vez en mi interior?

– No tienes que preocuparte de eso – le dijo el ser que parecía un delfín. Si alguna vez  las necesitas, si de verdad las necesitas, las lágrimas aparecerán en tus ojos. Pero sólo las que necesites. Y si en algún momento sientes que se acumulan en tu interior sólo tienes que acercarte al mar poner tu mano en tu corazón y arrojar al mar tu saquito de lágrimas para que nosotros podamos seguir viviendo.

El niño asintió con la cabeza. El ser que parecía un delfín lo acompañó de nuevo a la superficie y se despidió de él con su sonrisa eterna. Ahora el niño también sonreía. Y poco a poco, volvió a jugar con sus amigos, a disfrutar del sol y de la lluvia, a correr y a reír. Los que le rodeaban no sabían que había sucedido pero se sentían tan felices de ver al niño que preferían  no preguntarle el motivo.

Y cuentan en la isla que el niño vivió muchos años siendo una persona feliz y que repartía amor y felicidad entre los demás. Y algunos aseguran haberle visto acercarse de vez en cuando al mar y arrojar algo en él pero nadie ha podido nunca ver qué es lo que tira.

Mertxe Pasamontes

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Muchas veces cuando se habla de pensamiento positivo, de optimismo, hay personas que piensan en eso como una actitud inocente, como si un optimista fuera la persona que tiende a negar la realidad, que cree  que nunca pasa nada y que en el caso de que pase será algo de poca importancia. A partir de las investigaciones de la psicología positiva encabezadas por Martín Seligman se ha empezado a hablar del optimismo inteligente en contraposición a esa especie de negación ilusa de la realidad.

Se habla del optimista inteligente como alguien que es capaz de ver la realidad y reconocer si algo no funciona, pero a su vez, tiene la capacidad para valorar cómo puede hacer él para mejorarla. Es una especie de cualidad de poder ver lo que habría de cambiarse sin por ello despreciar lo que funciona correctamente.

El optimista inteligente es capaz de darse cuenta de que estamos en una situación de crisis pero eso ni le paraliza como al pesimista, ni se sienta a esperar a que la solución venga milagrosamente como lo hace el optimista ñoño. Reflexiona, toma su propia responsabilidad sobre la situación y busca acciones orientadas al cambio.

Te sugiero que leas la siguiente historia clásica de la India:

Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India. Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: «!Mira que si ahora un tigre me atacase!» Apareció un tigre y lo devoró.

¿Cuál es tu posición ante la vida? ¿Eres capaz de ver el lado positivo de las cosas o crees que siempre va a suceder lo peor?

Mertxe Pasamontes

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equilibrioblog

LA NIÑA Y EL ACRÓBATA

Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos.

Por eso, el hombre le indicó a la niña:

–Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo.
De ese modo no correremos peligro, pequeña.


Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
–No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

Así como ocurre en el cuento, es importante en la vida estar atento a los propios problemas, en lugar de estar pendientes de los problemas de los demás. Con frecuencia nos metemos en la vida ajena pretendiendo resolver sus problemas y dejamos de lado lo nuestro. Puede parecer altruista, pero a veces es un modo de escapar de la paralización que supone no saber resolver las propias circunstancias.

Del mismo modo, puede sucedernos que pretendamos que sean otros los que resuelvan nuestro problemas. Y eso es algo que no funciona nunca. Tú eres la única persona que puedes hacer cambios en en tu vida. Lo otro es «echar pelotas fuera».Cada uno tiene primero que cuidar de sí mismo. Solo entonces podrá cuidar de otros.

¿Quién te cuida a ti? ¿Quién esperas que resuelva tus problemas?

Mertxe Pasamontes

Me gustaría tener tu opinión……

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puesta2blog

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Un hombre cercano ya a la muerte fue a ver a un maestro para preguntarle:

-Hombre sabio, dime cuál es la diferencia entre cielo e infierno.

El maestro dijo:

-Veo una montaña de arroz humeante y sabroso, y alrededor una muchedumbre de hambrientos. Sus palillos son más largos que sus brazos, así que cuando prenden la comida, no pueden llevársela a la boca y son víctimas de la frustración y el sufrimiento.

Ese es el infierno -contestó el maestro.

-¿Y el cielo? -volvió a preguntar el viejo.
-Veo una montaña de arroz humeante y sabroso, y alrededor una muchedumbre alegre. Sus palillos son más largos que sus brazos, pero han decidido, al prender la comida, dársela los unos a los otros. Ese es el cielo.

En un día como el de Reyes, creo que es una historia muy adecuada ya que enfatiza el valor de dar. Muchas veces disfrutamos más de los regalos que hacemos que de los que recibimos.

Y quizás, junto al anterior propósito de mantener la atención, en este año que empieza marcado por la crisis, podríamos enfatizar más el valor de compartir. Cada día se habla más de consumo responsable y compartir es un modo de llevarlo a cabo. Darnos cuenta de qué necesitamos realmente y qué no. Podemos compartir cosas, dar lo que ya no usemos, regalar tiempo, ofrecer conocimiento, dar ilusión, dar amor, etc.

¿Crees que es mejor dar que recibir? ¿Te gusta compartir o prefieres tenerlo todo para ti solo?

Mertxe Pasamontes

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Un antiguo cuento indio.

Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba al ventanuco y cada vez que veía pasar a alguien al otro aldo estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo más y le preguntó al preso:

-Oye, hombre, ¿a qué viene esas risotadas día tras día?

Y el preso contestó:

– ¿Cómo que de qué me río?¡ Pero estás ciego! Me río de todos esos que están ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?

Así somos muchas veces, ciegos a nuestra propia realidad, engañándonos a nosotros mismos sin ni tan siquiera ser conscientes de que lo hacemos. Esto se puede hacer de muchas maneras: no queriendo ver nuestra verdadera situación, poniendo excusas, echando la culpa a causas externas o a otras personas, convenciéndonos de que tampoco es tan malo, etc.

¿Crees que tu situación actual es la que tú has escogido?¿Eres libre o miras a través de la reja?

Mertxe Pasamontes

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Muere lentamente

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
Muere lentamente quien destruye su amor propio,
Quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito
Repitiendo todos los días los mismos trayectos,
Quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar de color de su vestimenta
O bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones,
Justamente éstas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente quien no gira el volante,
Cuando no está feliz con su trabajo, o su amor,
Quien no arriesga lo cierto ni lo incierto
Para ir atrás de un sueño,
Quien no se permite ni una vez en su vida
Huir de los consejos sensatos,
¡Vive hoy! ¡Arriesga hoy! ¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te impidas ser feliz!

Pablo Neruda

¿Y tú vives a tope o mueres lentamente?

Mertxe Pasamontes

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Desde que Trias de Bes y Alex Rovira escribieron su libro La Buena Suerte, han corrido ríos de tinta hablando de ese tema. Los autores dejaron claro en su libro que la buena suerte no es producto del azar, sino algo que atraemos haciendo cosas, trabajando en ello cada día. Eso no quiere decir que tengamos que hacer grandes cosas, pero si que es necesario avanzar hacia nuestro objetivos.

A veces ese primer paso es difícil, nos da miedo, nos parece que no va a servir de mucho. Pero una vez lo damos, la mayoría de las veces lo único que lamentamos es no haberlo hecho antes. Parece como si una vez comenzado un camino, todo el Universo se conjurara para ayudarmos a cumplir nuestro obejtivo, a alcanzar nuestras metas.

Os dejo una pequeña presentación que explica en breves frases un poco más esta idea. Espero que os sirva de ayuda para dar ese «primer paso decisivo».

como-aplicar-la-suerte-38.pps

Os dejo también otra presentación que me han enviado como un regalo, una persona que está siguiendo este Blog y se ha sentido inspirada por lo que en él explico, por los ánimos que doy para luchar por los propios sueños.

atrapando-suenos.pps

¿Y tú que crees? ¿tienes buena suerte? O por el contrario, ¿crees que todo te sale mal?

Mertxe Pasamontes

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