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Archive for the ‘valores’ Category

Decir en una misma frase “realmente” y “auténtico” casi debería considerarse una redundancia, ya que ser auténtico presupone que no hay doblez ni engaño,  que se muestra lo que realmente hay. Cuando hablamos de Marca personal y términos afines, estamos hablando, de algún modo, de autenticidad. El problema, como en cualquier etiqueta o término que se pone de moda, es que su uso se desvirtúa y hay una tendencia a añadirle cosas que no estaban en su inicio (como pasa con el Coaching,pero eso sería un tema muy largo y ya lo hablaré otro día si me veo con ánimos).

Quizás la palabra Marca delante de personal, lleva a confusión  aunque precisamente la idea nace de gurús como Tom Peters que pretenden destacar por encima de todo el hecho de ser tú mismo. Pero también te explican algunos atributos de las marcas, que aplicados a las personas, pueden ayudar a realzar su imagen (y digo realzar, no esconder o manipular).

Por eso, me ha gustado leer en la Contra la utilización que hace de estos conceptos sin nombrarlos Scott Schuman, cazatendencias y creador del blog de moda más influyente del mundo que nos dice: “Únicamente la personalidad hace el estilo”. Y nos dice cosas como estas:

Para mí el estilo es crear un look que encaje con tu personalidad. Uno de los errores que cometí cuando empecé a ganar dinero fue comprarme muchos trajes.

¿Y no mejoró su estilo?

No, mi estilo mejoró comprando menos cosas y vistiendo la ropa que se adapta a mi manera de vivir: siempre en la calle haciendo fotos. Y creo que eso es lo mismo para todo el mundo.

¿Cuál es su consejo para que la gente encuentre su estilo?

Que sean consecuentes con quién son realmente y con la vida que llevan, y que a eso le saquen partido.

Es curioso que el creador de uno de los Blogs más influyentes del mundo de la moda, algo que solemos asociar a superficialidad, te diga que tú estilo nace de dentro y no de las pasarelas o revistas de moda. Así creó él su Blog, fotografiando por la calle a gente con su propio estilo.

Al igual que “disfrazarte” de ropa de un diseñador o de marca no te da un “estilo” no puedes “disfrazarte” de marca personal. O eres tú mismo y te expresas, o eres un “clon”, una “marca blanca”, una mera copia. El único camino para ser tu propia marca (luego vendrá la fase de que productos ofreces, pero ese es otro tema!!), para realmente crear un impacto en el otro, es ser tú mismo. Lo seres humanos nos sentimos impactados por otros seres humanos. No hay otro camino. Y puedes decir, es que a mi no me interesa crear una “marca personal”, pero imagino que te interesará conectar con los demás. Y el camino vuelve a pasar por ser tu mismo.

 

¿Eres auténtico? ¿Tal vez piensas que tienes la habilidad de “vender una imagen”? ¿Crees que eso impacta en alguien?

Mertxe Pasamontes

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Había una canción de los años 80 de un grupo que podríamos llamar “políticamente incorrecto” que decía controlamos tu seguridad. Os invito a leer unos fragmentos de la entrevista de Lenore Skenazy:

Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?

Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

[…]

¿Y no le inquietaba que fuera solo?

¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas…

[…]

¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad.

[…]

Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

 

Es uno de los grandes dilemas a los que nos enfrentamos, a más seguridad, menos libertad. Creo que todos recordaremos los recortes a la libertad que se produjeron en EEUU y como rebote en otros países a raíz de los atentados del 11-S. Muchas de esas nedidas aún colean (fijaros si no, en los controles en los aeropuertos).

Y es difícil encontrar el punto medio, como pasa en el caso que nos explica Lenore Skenazy acerca de cómo educa a su hijo. Ella ha sacrificado parte de su “seguridad” para dotarlo de mayor autonomía. Y le han llovido las críticas!

Y ese es el punto de inflexión, si queremos que controlen nuestra seguridad totalmente (el estado, en el trabajo, la familia, pandemias, etc….), si queremos puestos fijos (¿y seguros?) de trabajo o si preferimos sacrificar una parte de esa seguridad (ojo, digo una parte, no estoy hablando de anarquía, no vayamos a confundir los términos), a cambio de mayor libertad personal. Y dudo que el camino de la realización personal pase por la seguridad.

Os remito al cuento Libre o cautivo que publiqué hace un tiempo.

 

¿Seguridad o libertad? ¿Cuánto de cada cual?

Mertxe Pasamontes

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Siguiendo la serie sobre Educación que inicié y continuando a su vez con el tema de los valores, hoy me gustaría hablar de la Educación por valores. Ya advierto que no será una entrada exenta de polémica, ya que lo que voy a exponer se sale de todo aquello que nos han enseñado y que vemos como “normal”.

Priemro un pequeño cuento de la tradición zen:

En un día otoñal el  maestro del monasterio reunió a los monjes y les comunicó que al día siguiente iban a recibir la visita de un Gran Maestro qzenjarddinue estaba de peregrinación y les hacía el enorme honor de visitar su monasterio. Para honrar su presencia los monjes debían limpiar de hojas el jardín para que estuviera perfecto para la visita del Gran Maestro.

Ilusionados los discípulos con la visita, se pusieron manos a la obra y fueron recogiendo las numerosas hojas que había en el suelo, una por una y depositándolas en unos grandes sacos. Cuando acabaron su tarea estaban muy satisfechos y llamaron al Maestro para mostrarle el resultado y preguntar dónde debían tirar las hojas recogidas.

El maestro se acerco, observó el jardín con aire satisfecho pues en él no quedaba ni una sola hoja y entonces cogió los sacos y los volcó de nuevo en el jardín. Los monjes no pudieron reprimir un sonido de asombro y uno de ellos se atrevió a preguntar:

– Maestro, ¿por qué nos has hecho recoger las hojas para volverlas a tirar?

– El jardín está bien como está, con sus hojas. Pero vosotros debéis aprender que el énfasis hay que hacerlo recaer en el esfuerzo, no en el resultado. Los resultados de nuestros esfuerzos van y vienen. Pero el esfuerzo y la satisfacción por la tarea realizada, cuando se hace con placer, permanece.

Esta historia puede pareceros muy zen y por tanto alejada de nuestra cultura accidental. Por eso os invito a que leáis ahora las palabras de Ken Blanchard (del que no creo que se pueda pensar que es un autor zen) , uno de los mayores expertos en ´management´, que es entrevistado en La Contra:

Porque nuestro sistema – desde preescolar hasta la jubilación-nos está educando para que confundamos nuestra autoestima con nuestros resultados. Y forma acumuladores compulsivos obsesionados con lograr resultados cuantificables: sueldo, cargo, méritos, carrera, bienes, coches, pisos… Esos números les dan la medida de su autoestima: creen que sólo son queridos en la medida en que consiguen esas cantidades de poder y dinero.

[…]

Si amo a mi hijo, separaré claramente mi amor por él de sus resultados escolares. Mi amor es incondicional: amamos a las personas porque son únicas y son ellas y después está lo que tienen, saben o pueden hacer.

Así usted incentiva la mediocridad.

Si sólo amo al hijo en la medida en que trae buenas notas o mete goles, le haré esclavo de los resultados: siempre necesitará más dinero, más poder y más triunfos para estar satisfecho consigo mismo. Cada día saldrá a la calle en busca de su mayor dosis de resultados. Y si no los logra por las buenas, es posible que lo intente por las malas.

[…]

Si no hay nota, ¿para qué esforzarse?

Se esforzará si sabe que es un ser humano al que se le ama porque es él y con esa confianza podrá ser generoso y devolver ese amor a los demás sin exprimirlos para obtener más resultados con que conquistar su admiración, que él confunde con ese cariño que se le escapa… Esa es la diferencia entre el líder que sirve y el líder que se sirve de los demás.

Es un ejemplo más de educar por valores, de dar más importancia al SER que al Hacer. Claro que es importante lo que hagamos, pero siempre y cuando se respete lo que somos. Está claro que la obsesión por los resultados (sobre todo a corto plazo) nos ha llevado a la situación de crisis económica que vivimos ahora. Y es del todo iluso creer que las mismas actitudes y valores que nos han llevado a dónde estamos, nos van a sacar de aquí. Por tanto, aunque no podamos saber cómo de efectivos van a ser esos nuevos valores, vale la pena intentarlo. Pues peor de lo que estamos, difícilmente estaremos si hacemos de este mundo occidental un lugar más humano.

¿Cuánto apego tienes al resultado? ¿Crees que eso te favorece?

Mertxe Pasamontes

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valoryprecio

En la entrada anterior, cuyo hilo conductor era Aerin Alexander ya anticipaba el tema de los Valores y el Norte personal. De hecho hace un tiempo ya hablé de Valor o precio, esa disyuntiva en la que muchas veces andamos errados y confundimos el valor de algo con su precio.  Hoy he visto un artículo sobre el libro Buena Crisis de Jordi Pigem, que a la espera de poderlo leer, me ha dado la impresión de que también nos habla de un tema similar: los valores de la nueva sociedad. Podríamos definir los valores como las creencias personales que cada uno mantiene respecto a sí mismo y al mundo. Se trata de un sistema sobre lo que es bueno o malo, justo o injusto, verdadero o falso. Están directamente relacionados con el sistema personal de creencias.

Jordi Pigem nos dice cosas tan interesantes como que:

Lo único que realmente existe es la materia tangible, inerte y cuantificable, lo normal es llevar una existencia carente de sentido, cuyo principal indicador es la dolorosa experiencia de sentir un profundo vacío interior”. Y, con la finalidad de buscar un alivio temporal para llenarlo, “la sociedad recurre a la acumulación de dinero y posesiones, que terminan por convertirse en drogas que requieren cada vez dosis mayores”

Por eso aboga por “aprender a vivir en plenitud”, lo que implica, irremediablemente, “reconocer el valor de lo intangible, como la creatividad, la solidaridad, la sabiduría y la alegría de convivir y cooperar”. De ahí que “la sociedad del futuro será posmaterialista o no será”

Nos hemos movido durante mucho tiempo por valores tangibles, básicamente materiales,  cuando tal como decía Aerin Alexander, todo va de dentro a fuera. Si no tenemos plenitud interior, si no conectamos con nosotros mismos y con los demás, en relaciones auténticas, es imposible que ningún sustituto material nos llene. Podrá darnos una falsa sensación de felicidad momentánea, pero al poco tiempo estaremos en el mismo punto de partida. Primero hay que ser. Luego ya podremos hacer y tener.

Y para eso lo primero que tenemos que averiguar es cuáles son esos valores por los que nos movemos, que aunque no seamos conscientes de ellos están ahí y rigen la mayoría de nuestras conductas.   Conocer cuáles son y cómo están priorizados puede ayudarnos a tomar mejores decisiones, alineadas con eso que de verdad nos mueve. No voy a dar de momento métodos para descubrir cuáles son los valores personales, ya que sería alargarme demasiado para este espacio, pero creo importante que pienses en ello.

No voy a decirte tampoco qué valores tienes que tener, eso es algo personal de cada uno. Pero me gustaría dar una pista sobre la web 2.0 y los valores que están surgiendo alrededor de ella: compartir, conversar, ser auténtico, no engañar, conocimiento compartido, liderazgo distribuido…Tal vez te ayuden a pensar con cuales de ellos te identificas y con cuales no. Porque como dice Pigem, la sociedad del futuro será posmaterialista o no será. Y la web 2.0 empieza a ser el lugar en donde se están gestando esos nuevos valores.

¿Conoces tus valores? ¿Estás seguro que son esos? ¿Crees que el mundo necesita unos nuevos valores para sobrevivir?

Mertxe Pasamontes

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