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Archive for the ‘Educación customizada’ Category

Había una canción de los años 80 de un grupo que podríamos llamar “políticamente incorrecto” que decía controlamos tu seguridad. Os invito a leer unos fragmentos de la entrevista de Lenore Skenazy:

Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?

Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

[…]

¿Y no le inquietaba que fuera solo?

¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas…

[…]

¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad.

[…]

Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

 

Es uno de los grandes dilemas a los que nos enfrentamos, a más seguridad, menos libertad. Creo que todos recordaremos los recortes a la libertad que se produjeron en EEUU y como rebote en otros países a raíz de los atentados del 11-S. Muchas de esas nedidas aún colean (fijaros si no, en los controles en los aeropuertos).

Y es difícil encontrar el punto medio, como pasa en el caso que nos explica Lenore Skenazy acerca de cómo educa a su hijo. Ella ha sacrificado parte de su “seguridad” para dotarlo de mayor autonomía. Y le han llovido las críticas!

Y ese es el punto de inflexión, si queremos que controlen nuestra seguridad totalmente (el estado, en el trabajo, la familia, pandemias, etc….), si queremos puestos fijos (¿y seguros?) de trabajo o si preferimos sacrificar una parte de esa seguridad (ojo, digo una parte, no estoy hablando de anarquía, no vayamos a confundir los términos), a cambio de mayor libertad personal. Y dudo que el camino de la realización personal pase por la seguridad.

Os remito al cuento Libre o cautivo que publiqué hace un tiempo.

 

¿Seguridad o libertad? ¿Cuánto de cada cual?

Mertxe Pasamontes

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Siguiendo la serie sobre Educación que inicié y continuando a su vez con el tema de los valores, hoy me gustaría hablar de la Educación por valores. Ya advierto que no será una entrada exenta de polémica, ya que lo que voy a exponer se sale de todo aquello que nos han enseñado y que vemos como “normal”.

Priemro un pequeño cuento de la tradición zen:

En un día otoñal el  maestro del monasterio reunió a los monjes y les comunicó que al día siguiente iban a recibir la visita de un Gran Maestro qzenjarddinue estaba de peregrinación y les hacía el enorme honor de visitar su monasterio. Para honrar su presencia los monjes debían limpiar de hojas el jardín para que estuviera perfecto para la visita del Gran Maestro.

Ilusionados los discípulos con la visita, se pusieron manos a la obra y fueron recogiendo las numerosas hojas que había en el suelo, una por una y depositándolas en unos grandes sacos. Cuando acabaron su tarea estaban muy satisfechos y llamaron al Maestro para mostrarle el resultado y preguntar dónde debían tirar las hojas recogidas.

El maestro se acerco, observó el jardín con aire satisfecho pues en él no quedaba ni una sola hoja y entonces cogió los sacos y los volcó de nuevo en el jardín. Los monjes no pudieron reprimir un sonido de asombro y uno de ellos se atrevió a preguntar:

– Maestro, ¿por qué nos has hecho recoger las hojas para volverlas a tirar?

– El jardín está bien como está, con sus hojas. Pero vosotros debéis aprender que el énfasis hay que hacerlo recaer en el esfuerzo, no en el resultado. Los resultados de nuestros esfuerzos van y vienen. Pero el esfuerzo y la satisfacción por la tarea realizada, cuando se hace con placer, permanece.

Esta historia puede pareceros muy zen y por tanto alejada de nuestra cultura accidental. Por eso os invito a que leáis ahora las palabras de Ken Blanchard (del que no creo que se pueda pensar que es un autor zen) , uno de los mayores expertos en ´management´, que es entrevistado en La Contra:

Porque nuestro sistema – desde preescolar hasta la jubilación-nos está educando para que confundamos nuestra autoestima con nuestros resultados. Y forma acumuladores compulsivos obsesionados con lograr resultados cuantificables: sueldo, cargo, méritos, carrera, bienes, coches, pisos… Esos números les dan la medida de su autoestima: creen que sólo son queridos en la medida en que consiguen esas cantidades de poder y dinero.

[…]

Si amo a mi hijo, separaré claramente mi amor por él de sus resultados escolares. Mi amor es incondicional: amamos a las personas porque son únicas y son ellas y después está lo que tienen, saben o pueden hacer.

Así usted incentiva la mediocridad.

Si sólo amo al hijo en la medida en que trae buenas notas o mete goles, le haré esclavo de los resultados: siempre necesitará más dinero, más poder y más triunfos para estar satisfecho consigo mismo. Cada día saldrá a la calle en busca de su mayor dosis de resultados. Y si no los logra por las buenas, es posible que lo intente por las malas.

[…]

Si no hay nota, ¿para qué esforzarse?

Se esforzará si sabe que es un ser humano al que se le ama porque es él y con esa confianza podrá ser generoso y devolver ese amor a los demás sin exprimirlos para obtener más resultados con que conquistar su admiración, que él confunde con ese cariño que se le escapa… Esa es la diferencia entre el líder que sirve y el líder que se sirve de los demás.

Es un ejemplo más de educar por valores, de dar más importancia al SER que al Hacer. Claro que es importante lo que hagamos, pero siempre y cuando se respete lo que somos. Está claro que la obsesión por los resultados (sobre todo a corto plazo) nos ha llevado a la situación de crisis económica que vivimos ahora. Y es del todo iluso creer que las mismas actitudes y valores que nos han llevado a dónde estamos, nos van a sacar de aquí. Por tanto, aunque no podamos saber cómo de efectivos van a ser esos nuevos valores, vale la pena intentarlo. Pues peor de lo que estamos, difícilmente estaremos si hacemos de este mundo occidental un lugar más humano.

¿Cuánto apego tienes al resultado? ¿Crees que eso te favorece?

Mertxe Pasamontes

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edu-durmiendo-en-clase-3Ayer estuve en el Infonomía Update, un evento muy recomendable ya que logran sintetizar en 2 horas (cumplidas a rajatabla!) las tendencias más actuales en todo el mundo para emprendedores y gente inquieta.

Me gustaría detenerme en la número 2: El futuro de la educación. Me pareció una intervención brillante y con una propuesta que rompe todos los esquemas. Me gustó tanto, que he decidido crear la categoría que estreno hoy, educación customizada y dedicarle algunas entradas a los temas que vayan saliendo y vaya descubriendo.

Resumo la idea: Clayton Christensen, gran conocedor del concepto innovación disruptiva (este concepto lo explicaré en otro post), parte de la idea de que el fracaso escolar se produce en aquellos niños que no tienen una “motivación interna” para estudiar. Como muy bien explicó Antonella Broglia, la idea de la inteligencia en el sentido tradicional y el CI como medición de la misma se queda muy corta hoy en día. Hay muchos tipos de inteligencias (espacial, musical, verbal, social, numérica) y el sistema tradicional hace énfasis en la numérica y verbal. Muchos niños se quedan fuera.

Ya iré ampliando estos conceptos,  experiencias que se están llevando a cabo,estudios,   pero hoy quiero aprovechar que justamente en la Contra ( Sincronías del destino ?) se explica una experiencia que podríamos denominar de educación al margen del sistema . David Gilmour se dio cuenta de que su hijo de 15 años no seguía bien los estudios convencionales y decidió invitarle a abandonarlos pero poniéndole cuatro condiciones:

– Primera: “No me pagarás alquiler, así que ¡nada de ponerte a trabajar!”.

– “Descansa hasta las cinco de la tarde”.

– “Nada de drogas”.

– Y cuarta: “Jesse, tú y yo veremos juntos tres películas a la semana”.

Y ¿cual fue el resultado?

¿No se sentía raro su hijo?

Él seguía tratando a sus amigos, y cuando ellos fueron a la universidad, se preocupó. “¿Saldré adelante?”, me preguntó. “Sí”, le dije, y le pregunté qué pensaba él.

¿Y?

Me dijo que sí. Había ganado autoestima. Y tengo observado que los que creen que saldrán adelante, ¡salen adelante!

Ahora el hijo de David Gilmour  estudia para ser guionista en una escuela de cine. Recomienda la lectura de la entrevista e incluso del libro en dónde explica la experiencia: Cineclub.

Ya aclaro a partir de ahora, que no estoy diciendo que ese sea el modelo a seguir, pero si que digo, en palabras de la misma Antonella que evolucionamos hacia un modelo en que cada niño será único y en que el profesor tendrá que reciclarse en un tutor que acompaña a cada uno en su proceso individual de aprendizaje. Y en el que surgirán otros modelos de educación distintos a los que conocemos hasta ahora. Educación customizada.

¿Crees que es posible un modelo de educación customizada?Y si no lo crees, ¿es mejor seguir encorsetando a los niños en un modelo que deja a muchos fuera del sistema?

Mertxe Pasamontes

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